viernes, 1 de agosto de 2014

¿A qué juegan aquellos niños?


La hija de una amiga tiene 2 años y nos regocijamos viéndola jugar a ser adulta. Acurruca su muñeca mientras el musical La gallina pintadita la invade con corcheas contagiosas. Aprieta el globo, este explota, le da risa. Conversa con el gato, que se eriza graciosamente. Al verla, pregunto: ¿a qué jugarán los niños palestinos, para quienes sus canciones son bombas y metrallas, y el terror y la muerte su inocencia cotidiana?

No ahondaré en la historia del problema palestino-israelí, que desde la Resolución 181 de las Naciones Unidas de noviembre de 1947, que sugiere la división del territorio palestino, y la subsiguiente proclama del Estado por parte de Israel en mayo de 1948, ha teñido de horror el Medio Oriente y mantiene a millares de familias expulsadas de sus casas y en precarios asentamientos para refugiados.

Quiero enfocarme en los pequeños a quienes se niega el derecho a la libertad, a la niñez, y que para las estadísticas oficiales representan solamente daños colaterales de una crónica guerra que no eligieron. ¿De qué se trata tanta mortandad? En la película God on Trial, de De Emmony, al referirse a los campos de concentración nazi del oscuro pasado donde millones de judíos fueron cruelmente exterminados, un personaje señala: “… Se trata del poder y la lucha, y lo que han perdido… En este lugar, Hitler es dios”, ¡rarezas de la historia!

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, prometió las penas del infierno contra Gaza; el general Benny Gantz, jefe del Ejército israelí, espera la orden para incursionar y pulverizar palestinos con la excusa de aplacar el terror de los rebeldes usando el terror del Estado. Ranciere, en El viraje ético de la estética y la política, piensa que quizá lo que se opone al mal del terror es un mal menor, o la conservación de lo que es, o bien una salvación que llegaría de la radicalización de la catástrofe, argumento usado por algunos ejércitos para justificar masacres.

El Consejo de Seguridad de la ONU constantemente insta a israelíes y palestinos a un alto el fuego, como si se tratara de una guerra convencional entre iguales y no de un genocidio vergonzoso de un Goliat con su Domo de Hierro contra un David acusado de usar a niños como escudos humanos.

Presagiando esta nueva escalada, el papa Francisco reunió días atrás al presidente israelí, Shimon Peres, y al líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, pretendiendo parar la matanza con oraciones cristianas, judías y musulmanas, pero terminaron estrellándose en oídos llenos de odio. ¡¿Acaso el “No matarás” de la ley de Dios no se entiende en tierra santa?!

Agamben, en Estado de excepción, manifiesta: “Al único Dios en los cielos corresponde un único imperio sobre la tierra”, pero algunos líderes insisten en designarse “dioses” omnipotentes e insensibles que no se preguntan ni les importa a qué juegan los niños en medio del infierno, y yo pienso que quizá juegan a salvarse de la muerte. 


Dos niñas palestinas miran tras los escombros, atentas a la estrepitosa “musiquita” mortal para correr. A pocos metros, su muñeca agoniza con los miembros destrozados, para ella es demasiado tarde.

viernes, 30 de mayo de 2014

A propósito de esa ‘bendita’ pelota



Me gusta el fútbol, también lo jugué. Grité muchos goles de El Nacional de Quito y de mi selección ecuatoriana y celebré enardecido cuando clasificamos por vez primera al Mundial, con gol de Kaviedes, donde hicimos realidad el “¡Sí se puede!”.

No seré cínico diciendo que no he visto los partidos y que no vibré con los goles de Valencia. Sin embargo, también confieso mi horror por lo que está pasando mucha gente en Brasil por promesas incumplidas. Mientras disfrutamos frente al televisor los enganches de Neymar, los tiros con efecto de Messi, muchos brasileños protestan. Es triste ver una cara de opulencia y otra de impotencia popular. Los seres humanos merecemos respuestas claras, medidas atinadas y justas de las autoridades, no acciones desesperadas. Las imágenes de desalojos violentos, “limpiezas” en las favelas, lucha en las calles, mostradas en las redes informacionales, no son invento ni pataletas de unos pocos, sino la cruda realidad de un gigante con pies de barro que decidió organizar un Mundial en medio de una crisis económico-social.

En Chile el dos a cero contra España desató una alegría nacional, que en la capital significó más de quinientos buses destrozados, paraderos rotos, negocios saqueados, vehículos agredidos en una lucha campal entre carabineros y exaltados en la céntrica Plaza Italia, adonde llegaron más de cincuenta mil personas a festejar. Súmese a ello una cincuentena de choferes heridos, fanáticos detenidos. Los choferes amenazan con paralizar el transporte público en los partidos siguientes por la falta de seguridad.

Para algunos, el fútbol es el opio de los pueblos; para otros, el negocio más rentable del mundo. Yo exculpo al fútbol, inventado por los mayas hace miles de años y no por los ingleses como nos han hecho creer. Culpo a quienes se apoderaron de este ancestral juego y lo convirtieron en un lucrativo negocio que trae diversión, pero también descontento social. El fútbol es la excusa para exacerbar pasiones y camuflar rabias retenidas en forma de celebración, como lo acontecido en Santiago. En nombre del fútbol, un juez de la República suspende una audiencia contra imputados del emblemático caso de la “fallida alerta de maremoto 2010”, aduciendo que el partido podía ser un día histórico para Chile. El fútbol fue una excusa para la guerra de 1969 entre Honduras y El Salvador, y pretexto de paz cuando el Santos de Pelé de los años setenta logró la tregua entre las dos repúblicas del Congo y entre la separatista Biafra y Nigeria, país que hoy está sumido en luchas intestinas que mantiene a 200 niñas y otras tantas mujeres secuestradas por grupos terroristas, mientras el balón sigue rodando.

Maradona dijo: “La pelota no se mancha”; yo creo que está algo manchada por la codicia mercantilista que tiene secuestrado al fútbol. Es mi décimo Mundial, ojalá pasemos de fase, si no seguiré gritando goles y exclamando con fuerza que ¡sí se puede! derrotar la desigualdad, ¡sí se puede! arrebatar el fútbol de esas manos sedientas de ambición para devolvérselo al colectivo, que ¡sí se puede! hacer un Mundial donde todo el pueblo grite ¡goooooooool!

jueves, 29 de mayo de 2014

Las estacas de Rousseau



He seguido con suma preocupación la crisis de una Ucrania desmembrándose por todos lados para regocijo de unos y preocupación de otros. Primero Crimea vuelve como hija pródiga al seno materno. Donetsk y Lugansk siguen sus pasos y con casi el 90% de los votos apoyaron la independencia para congoja del gobierno ucraniano y Estados Unidos, que ven cómo ese centro industrial queda en poder ruso, que sigue cercando propiedades, lo que les genera temor.
Rousseau en El origen de la desigualdad de los hombres indica que el primero que tomó unas estacas, cercó un terreno, dijo: “Esto es mío”, y encontró gente que lo creyera, fue el fundador de la sociedad civil, naciendo la propiedad y con ello la violencia para defenderla. Putin toma las estacas de Rousseau, las clava en estas repúblicas convulsionadas y dice: “Estas propiedades son mías”, pero Obama y sus aliados no le creen, y no están dispuestos a hacerlo porque esas posesiones constituyen petróleo, poderío estratégico militar por el control del Mar Negro, dominio económico energético sobre gran parte de Europa, etcétera. Estados Unidos y sus aliados querrán recuperar poderío clavando postes en otras latitudes antes que Putin ratifique su supremacía. Putin lo sabe, abre su abanico, configura su estrategia más allá de Ucrania herida, mira a Corea del Norte, le condona 10.000 millones de dólares de deuda; mira China y acuerdan realizar su comercio bilateral en rublos y yuanes, excomulgando al dólar, y para joderlos más pactan el suministro de gas desde el Kremlin a Shanghái por 300.000 millones de euros durante los próximos 30 años. Estas jugadas tendrán a Obama y compañía con retortijones, frente a un mapa con estacas a manos llenas, pensando dónde hacerle daño al ruso.
Recuerdo cuando mi abuelo me llevaba en su canoa a poner la catanga para capturar camarones en Telembí, río Cayapas, Esmeraldas, ponía una estaca a cada lado de la trampa para asegurarla de la creciente y una tercera en tierra para amarrarla y marcar territorio. Recuerdo sus gritos en la mañana siguiente al percatarse de que habían usurpado nuestras presas: “Si pillo al condenao, le voy a mal enterrá una estaca en el… ”, amenazaba iracundo.
El “juego” está candente, y este clavar y desclavar de varas puede encender una “guerra fría” de incalculables consecuencias. García y Ramos en Medios de comunicación y violencia señalan: “… quienes poseen y ejercen el poder justifican la violencia por el principio del orden, esto es por la necesidad de preservarlo…”. ¿Putin querrá “preservar el orden” en la zona? ¿La intención de Obama será “preservar la democracia”? La situación puede tomar ribetes inesperados.
¿Qué pasará con tantas estacas en esas manos?, ¿a dónde llegarán estos señores en su lucha por conquistar más territorios? Da terror saberlos con tanta supremacía disputándose nuestro mundo, como si les perteneciera. Al verlos poner en riesgo la paz y seguridad mundial con sus ambiciones geopolíticas, pienso que quizá sería bueno que en una descuidada y justiciera maniobra, estos dos caballeros y sus aliados alguna vez se pudieran mal enterrar sus estacas rousseaunianas donde decía mi abuelo Heriberto.

viernes, 9 de mayo de 2014

Paranoia persecutoria




 Cierta “paranoia” persecutoria por conflictos raciales me diagnostica la experta después de la décima sesión en que relato las peleas que no pude evitar. Recibo la noticia resignado, lo anormal sería no tener paranoia en dieciséis años en ese hostil ring llamado Santiago. De más estaba rebatir argumentando mis últimos ocho años de puños limpios. Y no es que ese lapso haya estado exento de encuentros cercanos con racistas trasnochados y neonazis absurdos, ungidos con una ideología que los eleva ilusoriamente a un mundo superior al de los “bananeros”, “gente de mal vivir”, como despectivamente llama cierta casta “intelectual” al latinoamericano llegado a tierra de Neruda, Violeta y la Mistral, y tras cabinas de radio, pantallas de televisión o letras venenosas, alimentan un nacionalismo contra sudacas que “invaden” sudacas.

Las calles del mercado central nos conducen a un esquivo destino en busca de un bar con terraza para iniciar la nueva sesión de trabajo. Pero aquel sábado a las 11 am todo confabula contra nosotros. Mi pequeño hijo confiesa el dolor de sus pies y entiendo su cansancio. Habría sido mejor juntarnos en mi casa o en la consulta psicológica de Jenny y recostarme en su sillón de cuero que aletarga y hace fácil las palabras. O ir a orillas del río como ella había propuesto. Una psicóloga clínico social y un historiador cientista social con su retoño buscando un lugar para grabar otro capítulo del libro, donde este servidor narra y analiza con su coautora las desventuras que vivimos los Negros por una enfermedad social inmune a todo fármaco y toda ley. Un racismo que hiere, humilla, mata, pero también da vida a la rebeldía que lo combate, a veces con dolor, reclamando el derecho a vivir en paz y libertad en cualquier tierra que un ser humano pose sus pies, independiente del color, etnia o nacionalidad.

 Mareados de tanta vuelta nos decidimos por las bancas del río Mapocho. Un indigente se despierta, enrolla su colchón de cartón y se aleja molesto por estos  extraños perturbando su hábitat. Jenny activa la grabadora. Me alisto relatar el capítulo acordado. Ella mira mis ojos y pregunta: -¿no te diste cuenta?, -¿de qué? respondo haciéndome el desentendido. -De los tipos. -¿Qué tipos? -En la entrada del Metro se  acercaron y te agredieron verbalmente- aclaró roja de iras sin entender cómo este “paranoico” diagnosticado pasó por alto esa agresión, sin reaccionar, sin repeler. Mi “paciente” digería su rabia tras una verdad que algunos tratan esconder: “¿¡en Chile no hay racismo!?”, que lo digan los mapuches, los peruanos, los Negros.

Entendí que no habría relato, pues ella lo escribía en sus pupilas, en su impotencia, en su vergüenza como chilena. La observo y veo una “Negra” sintiendo lo mismo que mis hermanos y yo sentimos aquí, allá, en todas partes, en la frase venenosa, la risa insidiosa, el escupo virulento. Trato calmarla. Jenny, ¿no será que tienes cierta paranoia persecutoria? le pregunto en son de broma, sin ánimo de joder. Ella sonríe, reímos, el capítulo estaba terminado.

Antonio C. Ayoví Nazareno. 

Nota: Como Negro reivindico el término, pues me identifica más que Afrodescendiente 

jueves, 20 de febrero de 2014

El "gran hombre" y la "robotina"


Etó dice que a sus 8 ya es todo un hombre. “¿Pongo la mesa papá?”; “¿Barro el patio papá?”; “¿Preparo el jugo papá?”; “¿Te ayudo a cargar las compras papá?”; “¿Te ayudo cocinar papá?” Lo miro y me enorgullece. Tres semanas ya su madre sin caminar sola. “Yo le acerco las zapatillas papá”; “Yo le ayudo a ir al baño papá”; “Le ayudo a subir la escalera papá”, ofreciendo ayudarme en la labor, poniendo su frágil humanidad como bastón. A veces le guiño el ojo, le grafico un “me gusta” con mi pulgar y los sigo atento, para socorrer a bastón y bastonera en caso de un percance. “Viste papá, ya soy un hombre” asegura, “robotina” y yo reímos en medio del temporal.

A.Ayoví

jueves, 6 de febrero de 2014

Asalto a verso armado

Por años escuché la palabra Puente asalto, al referirse a la popular comuna donde vivo hace 5 meses. He presenciado cuanta cosa en micros y vagones de metro. La semana pasada el Metro Elisa Correa estuvo paralizado por el asalto a los cajeros; dos días más tarde lo mismo en el Metro Las Torres; el viernes anterior en al noche subieron a asaltar la 210 donde yo iba y ayer en la tarde dos giles con toda la pinta de choros flaites abordaron la micro de acercamiento con claras intenciones de robar, no había que ser adivino. Iba a sacar mi lapiz y mi cuaderno para dispararles versos mortales, pero al parecer los tres escuálidos pasajeros les dimos tanta pena que se bajaron en Gabriela con Av. México. Así que guardé mi "fusil" y las "municiones" junto al dinero que había sacado para pagar las cuentas.

A. Ayoví

viernes, 29 de noviembre de 2013

La final



El aire una navaja media ebria. El bar una caldera de fanáticos en llamas. 1 a 1 el marcador, tiempos de alargue. Final de infarto. Un extranjero intruso en esa loca lluvia de escupos y maldiciones. Colo Colo vs la U, noche infernal. “Una Schop”- pide un chileno de ojos rojos por la hierba y la locura. “Rubia o negra?”pregunta el cantinero. Él me mira “dame una negra”contesta algo burlesco. “No hay negra, solo un Negro”– grito desafiante esperando la avalancha. Él ríe, ellos ríen, todos reímos, el gol del campeonato ya no importa.
  
Antonio Ayoví Nazareno.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Viaje "Feliz"

La micros atestadas de rostros iracundos. El metro lleno de individuos en "guerra". Y en medio de ese "festin" de odios y olores, viajan lánguidos niños muertos de cansancio, luchando por que sus piernas los mantengan vertical; mujeres cansadas de su doble labor en casa y trabajo, sosteniendo las compras; discapacitados que ven con impotencia sus asientos ocupados por musculosos hombres, que se hacen los dormidos. Deberían eliminarse los asientos preferenciales para discapacitados, embarazadas y ancianos, y decretarse, presidencial o legislativamente, que ningún niño, anciano, discapacitado, mujer (embarazada o no) vaya de pie mientras los hombres vayan sentados. Y combo y cocacho para el huevón que se haga el dormido. 













Antonio Ayoví Nazareno.

lunes, 18 de noviembre de 2013

"Negro culiao"

¿Qué te pasa Negro culiao?" me insultó gratuitamente un tipo el otro día rumbo a mi casa. Me doy vuelta, me saco los lentes y camino hacia él contorneando mis caderas y mis hombros. A dos metros le disparo un estrepitoso beso y "que te pasa papi, por qué tan agresivo" le digo en voz femenina. Su piel muda de rubio a rojo, a verde y amarillo. Se turba, da media vuelta y acelera el paso. Yo sigo mi camino, me río, y me felicito. Ya no me enojo, ni pego como antes. Son más de 8 años, que la actuación y la inteligencia le ganó a mi fuerza bruta.


Antonio Ayoví Nazareno

La verdadera felicidad

El otro día conversé con cierta persona. Le hacía ver mi inconformidad por cosas que yo entendía estaban mal, sobre todo cuando se me estaba vulnerando un derecho. Me dijo que yo debía entender que a veces los sacrificios infinitos, tienen dulces recompensas. Me puso como ejemplo, la tenacidad del padre con su hijo en "En Busca de la Felicidad" (Will Smith e Hijo). Como queriendo decirme, humíllate siempre, nunca reclames, pon la otra mejilla, sé un Tío Tom asumido y algún día verás la recompensa. Le respondí que yo también vi la película, y que si bien es cierto, data de un caso real, del primer Negro que triunfó en Wall Street, ese es un caso excepcional y no una regla que todo Negro que: se deje humillar, que se muera de sed en el trabajo para no tener necesidad de ir al baño, y demostrarle a todos que es más trabajador que los demás, que se queda callado cuando todos sus compañeros se le burlan, la hacen bulling, esté destinado al final del camino llegar a ser Gerente de una empresa. La película, tiene mucho mensaje positivo, y alguno no tanto. Y esa conversación me lo confirmó. Lo ideal, es que una persona triunfe corriendo en la misma pista, en igualdad de condiciones,
sin ser chupamedias, sin dejarse humillar por ninguna jefatura. Cuando alguien te dice "sé como el hombre de la película" y sigue abusando del trabajador, ya sea Negro, Blanco, Obrero, Mujer, Minoría, con todos los chantejes del sistema neoliberal, la película se convierte en una moneda de doble interpretación. Por un lado el abuso del sistema, por otro la rebeldía proletaria. 

(Antonio Ayoví Nazareno)
 Porque les aterra la libertad, en la jaula mental en la que se encuentran quieren encerrar a todos los demás.

 

Análisis de la película "Juicio a Dios" De Emmony, A. (2008)



"Juicio a Dios"


 El Estado de Excepción que regía en el campo de concentración privaba al hombre de todos derechos, de toda condición de humano, pero en medio del holocausto había algo que ese estado no podía prohibirles, el derecho a discernir, aun en las puertas de la muerte. Y ese derecho le permitía cuestionarse aquello que había sido lo más sagrado para ellos: su fe y su Dios. Cuestionamiento que lo conduce a una contradicción entre cuerpo y alma, y a tomar una postura política respecto a su presente Agamben (2004) dice:

 …En nuestra cultura el hombre ha sido pensado siempre como la articulación y la conjunción de dos principios opuestos: un alma  y un cuerpo, el lenguaje y la vida, en este caso un elemento político y un elemento viviente. Debemos en cambio aprender a pensar el hombre como aquello que resulta de la desconexión de estos dos elementos e investigar no el misterio metafísico de la conjunción, sino el misterio práctico de la separación. (p. 16). 
Y es en ese misterio, donde un grupo de hombres al encontrarse en situaciones catastróficas, en igualdad de condiciones tienen dos elementos a los cuales aferrarse: la unidad y la fe. Uno de los cuestionamientos a Dios en la película es su falta de “criterio” al mandar a sufrir a inocentes para purgar las culpas de todo un pueblo. Se le acusa de asesinato por incumplir el contrato que firmó en el desierto con Moisés cuando prometió que si obedecían las leyes de Dios ellos serían el pueblo elegido, una Nación Sacerdotal. Algunos pensaban que se debía rezar más, demostrar ser un buen judío y aceptar con resignación el sacrificio, el sufrimiento que era parte del plan de Dios. Que quizá no era Dios quien incumplió el pacto sino ellos mismos. Otros cuestionan el porqué Dios elige castigar a los buenos hombres y no a los malvados como Hitler. En pleno Estado de Excepción, a pocas horas de ser llevados a  la muerte pretender que es Dios quien ejecuta todos los actos como sacrificio, y que no se debe cuestionar nada, porque todo está predestinado a suceder, es encarcelar la capacidad del hombre a pensar, a discernir entre lo bueno y lo malo, lo correcto o lo incorrecto, tomar decisiones, erradas o correctas.


Quiero decir, desde un punto de vista que desconstruye, en el interior mismo de lo político, cualquier creencia en un ordenamiento divino de las cosas políticas, significa cualquier pretensión de totalidad típica de aquellos -“locos por el Estado”- que olvidan el carácter necesariamente parcial, dual, plural, de la representación política, su inauntenticidad constitutiva, su `diabolicidad´(en el sentido de `dos´) originaria, su estructural inadecuación para representar lo entero, la comunidad, el individuum: “El desprecio, la decadencia y la muerte del Estado, la liberación de la persona particular (me cuido mucho de decir del “individuo”) serán la consecuencia de la idea democrática del Estado” (Espósito, 1996, p.48). Estas palabras son válidas no solo para criticar las ideas políticas  de los opresores como Hitler, sino también la pasividad de los rabinos al tratar que todos aceptaran el sufrimiento y la muerte con entera resignación, pues el malvado acto político y criminal de su verdugo era una acción divina. Hitler era solo una herramienta usada por Dios. Por eso en esa sala el enjuiciado no era Hitler sino su creador político. Uno de los fiscales en el juicio indica:

Los hombres hacen sus necesidades a imagen de sus dioses, por lo tanto las sociedades con muchos dioses tienen muchos líderes, diferentes centros de poder…y luego vinieron los judíos y dicen que hay un solo Dios, y crea una sociedad que concentra todos los poderes en manos de un hombre, un rey, una sociedad eficaz, un buque eficiente. Un dios, un rey. Así es como es. Se trata del poder y la lucha y lo que han perdido…En este lugar Hitler es Dios. (De Emmony, 2008, God  on Trial) y Agamben (2004) manifiesta: “Al único Dios en los cielos corresponde un único imperio sobre la tierra” (p. 20), y según este criterio, para los Rabinos, Hitler no era Dios, era solo el elegido por Dios para que dirigiera la purificación, y daba lo mismo qué métodos atroces usase para lograrlo. Esta teoría de los Rabinos es la misma que han usado y siguen usando, tanto gobiernos totalitarios como democráticos para justificar decretos coercitivos cuando, su régimen en estado de decadencia amenaza sucumbir. Ese es el Estado de Excepción, es decir lo importante es mantener el régimen, totalitario o “democrático”, no importa a qué costa. Todavía escuchó en Chile algunos “neonazis” trasnochados que dicen que lo sucedido en Septiembre del 73´ era necesario para evitar que los comunistas, con Cuba y Rusia a la cabeza, se adueñaran de país, y lo que es peor, afirman que gracias a “su General” Chile es un país próspero hoy. (Próspero para unos pocos que le economía de mercado les tiene llenos los bolsillos). Es decir se usa la conjunción: terror y sufrimiento vs beneficios y prosperidad. La herramienta fundamental del Estado de Excepción es el terror para minar cualquier capacidad de respuesta del contrario. Terror que solo puede ser combatido con una postura política que exija justicia y condena para los culpables, o también puede ser inducido a que el desgraciado acepte su condena sin reclamo alguno so pena que Dios lo castigue nuevamente negándole la entrada al paraíso. Ranciere (2005) indica:

Lo que responde entonces al fenómeno del terror, es bien una justicia infinita, que ataca a todo lo que suscita o que podría suscitar terror. Una justicia que no se detendrá jamás o que se detendrá cuando haya cesado el terror, que por definición no se detiene jamás en los seres sometidos al traumatismo del nacimiento. Al mismo tiempo esta justicia infinita es una justicia que se ubica por encima de toda regla de derecho. (p. 27). Y esa era la justicia que los presos querían lograr en esas cuatro paredes en busca del culpable del holocausto. Sin embargo el mismo Ranciere (2005) piensa que quizá lo que se opone al mal del terror es un mal menor o la conservación de lo que es, o bien una salvación que llegaría de la radicalización de la catástrofe, argumento usado por algunos ejércitos actuales para justificar intervenciones. (p. 32) Los Estados Unidos e Israel lo usan para invadir países. Mujeres, niños, ancianos, que caen inocentemente son para ellos solo “efectos colaterales” de la democracia mundial, un mal menor.

En la esfera religiosa ese mal menor radica en creer que después de ese sacrificio vendrá la purificación, luego la salvación, aunque no sea para ellos, el individuo, sino para el Otro, para el pueblo que sobrevive a la masacre. Uno de los personajes argumenta que la primera purificación que tuvieron los Judíos fue en el diluvio, la segunda la destrucción del templo por Nabucodonosor y, de no ser nada, ahora con la Torá, eran poderosos. Que si se hubieran quedado como estaban no habrían avanzado tanto. (De Emmony, 2008, Juicio a Dios) Y otro agrega “Imaginen que Dios es cirujano y tiene que eliminar un brazo o una pierna con gangrena para curar todo el cuerpo. Es un acto violento. Es doloroso. Pero también es amoroso” Es decir, para algunos el dolor, el castigo, la muerte es por un acto de amor. Para mí, ese acto de amor de Dios está presente en milagros, como por ejemplo el bebé en China que resultó vivo después de estar dentro de un tubo del sanitario, ese acto de amor está presente en el cambio en la lista del padre por el hijo, para que éste viviera unos días más. (Contradiciendo su propia creencia, pues si estaba seguro que iban todos a los brazos de Dios, daba lo mismo quien iba primero a la cámara de gas) Ese Dios tan macabro y castigador, no me cuadra. ¿El juicio de los fiscales a Dios y la defensa de los Rabinos era un ejercicio democrático en pleno Estado de Excepción? Espósito (1996) afirma:

… democracia es la liberación de lo político, de la propia autovaloración, del creerse, definirse o atribuirse valor. De su intención, presunción por representar el Uno, el Bien, la Justicia (…) La democracia remite contemporáneamente a esta doble  `salvación´: es esta –tal distancia respecto al valor y del valor – la que la substrae a cualquier precipitación consecuentemente nihilista: no su pretendida valoración (p. 47) Creo que en el juicio existió democracia precisamente porque hubo quienes se liberaron del Torá, de la religión, es decir del propio Dios, de su propia contradicción existencial. Sin embargo pienso que también había algo de totalitarismo, de ideas ciegas, sin dejar algún resquicio para la validez del argumento contrario. Esposito (1996) advierte:

El totalitarismo no es lo otro, sino el revés de la democracia. La diferencia no es poca cosa, porque es la que hay entre una oposición simple y una oposición sometida a una arriesgada copresencia donde el riesgo está representado por el hecho de que el totalitarismo a pesar de que se opone a la democracia, tiene sus raíces de modo embrionario dentro de ella y no en su exterior. (p. 41).  Es decir el totalitarismo y la democracia pueden constituir dos caras de la misma moneda. Quizá por eso el Estado de Excepción ha sido un mecanismo de coacción usado no solo en dictaduras militares sino también en regímenes democráticos.  Hoy en día muchos usan esa amenaza para evitar las manifestaciones populares, un ex ministro de Gobierno de Piñera amenazaba siempre con aplicarla, claro acá se le da otro nombre “Ley de seguridad del Estado” “Ley antiterrorista” usada frecuentemente contra los Mapuches.

Surge aquí otro aspecto: La moral, lo ético, eso que limita nuestras acciones entre el bien y el mal, en un estado de excepción queda, de alguna manera, a la libre determinación del individuo. Ranciere (2005) señala:

La moral implicaba la separación de la ley y del hecho. Implicaba al mismo tiempo, la división de morales y derechos, es decir la división entre las maneras de oponer el derecho al hecho. La supresión de esta división tiene un nombre: se llama consenso. (p. 28) Y eso es lo que buscaban los prisioneros, un consenso, usando una herramienta democrática como el juicio. ¿Era ético o moral enjuiciar a Dios de asesinato? ¿Era moral que Dios usara el sacrificio de la madre de Ezra, o el sufrimiento de los hijos de Lleble, sodomizados por Menguele, para purificar la culpa de todos los judíos? Quizá la respuesta la tiene el capataz que no es judío, y dice que hace lo que hace para vivir, que no es una escoria como los otros presos que ya están muertos, que no le preocupa conocer a Dios, porque lo que el hace no es nada comparado con lo que hacen los Sanderkommandos, judíos que envían a otros judíos a las cámaras de gas, que le roban sus utensilios y luego se los venden a otros judíos, judío comiéndose a judío, aun ahí en ese infierno, que él hace su trabajo bien y Dios lo premia por eso, que ahí él es Dios. Y efectivamente el Estado de Excepción, donde no hay Dios ni ley, permite precisamente que cualquiera, verdugo o víctima, con un poquito más de poder que el otro, se autodenomine Ley y Dios.

En efecto el estado de excepción es un estado que indiferencia verdugos y víctimas, tal como hace equivalente lo extremo del crimen del Estado nazi y lo ordinario de la vida de nuestras sociedades. El verdadero horror de los campos, dice Agamben, todavía más que la cámara de gas, es el partido de futbol que oponía en las horas vacías las SS y los judíos de los Sanderkommandos. Y este partido se reinicia cada vez que nosotros prendemos la televisión para ver un partido de fútbol. (Ranciere, 2005, p. 35). ¿Cómo se criticaba a Dios de sus desgracias, cuando algunos judíos mostraban ese comportamiento aberrante contra sus propios hermanos? ¿O solo era ese lado del hombre, que ante la muerte y la desgracia activa su animal instinto de supervivencia? Lo moral por ejemplo nos indica que no debemos comer carne humana. Pero hasta donde llega esa “ley moral”. ¿Tuvieron otra opción los sobrevivientes uruguayos de la tragedia de los Andes? ¿Dios les perdonó ya por aquel acto de canibalismo? ¿O fue una idea de él mismo, que comieran carne humana para sobrevivir? Los testigos de Jehová no permiten transfusiones de sangre. ¿Es una orden de Dios que deben morirse antes que aceptar una pinta de sangre de tu hermano, madre, etc., para vivir? Uno de los litigantes en el juicio dijo: “¿Sabes lo que es un Dios que no es personal? Es el estado del tiempo. Eso es todo”. (De Emmony, 2008, God  on Trial) Y Ranciere (2005) agrega:

…El tiempo volcado hacia el fin a realizar –progreso o emancipación-, es reemplazado por el tiempo tornado hacia la catástrofe que está detrás de nosotros, pero también el viraje ético es una nivelación de las formas mismas de la catástrofe que se invoca. La exterminación de los judíos de Europa aparece entonces, como la forma manifiesta de una situación que caracteriza muy bien lo ordinario de nuestra existencia democrática y liberal. (p. 35) En nosotros está discernir, ¿es Dios en realidad el causante de todos lo crímenes genocidas de Bush, padre e hijo, de Pinochet, y otros representante de gobiernos “democráticos” que siguen manteniendo al pueblo sumido en el terrorismo de Estado? Los Mapuches en el sur, ¿actualmente viven en un gobierno democrático o en un Estado de Excepción? Como paradoja del destino hoy Israel mantiene en Estado de Excepción a sus vecinos apoyados por el gobierno “democrático” de Estados Unidos, que también tiene su propio Estado de Excepción y su campo de concentración en Guantánamo, donde tiene a cientos de árabes acusados de terroristas y los tortura sin las mínimas normas de humanidad y violando los convenios internacionales. Montesquieu en Espósito (1996) señala: “La democracia debe por tanto evitar dos excesos: el espíritu de desigualdad, que lleva al gobierno aristocrático o al uno solo, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo de uno solo, al igual que este termina con la anarquía” (p. 41)

Dios fue declarado culpable en el infierno de ese régimen totalitario. Los dos Bush, Israel y otros defensores de la “democracia” que usan hoy los mismos métodos, esperan el juicio de la historia. Esposito (1996) dice que el hombre sale de la nada, atraviesa el tiempo y desaparece en el seno de Dios, y que es lo bastante claro como para ser algo de sí mismo y muy oscuro como para que los demás hurguen en sus tinieblas impenetrables. (p. 55) Quizá el capataz tenía razón, y cada uno de nosotros tenemos alguna vez la oportunidad de ser “Dios” y de poseer la moneda en nuestras manos, de nosotros depende qué lado utilizar.

 (Antonio Ayoví Nazareno)


Bibliografia:


Agamben, G. (2004). Estado de excepción. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editores.



Esposito, R. (1996). Confines de lo político. Nueve pensamientos sobre política. Madrid: Trotta.



Rancière, J. (2006). El viraje ético de la estética y la política. Santiago de Chile: Palinodia



De Emmony, A. (2008). God on trial (Juicio a Dios)